martes, 3 de septiembre de 2013

MODELO DE CREENCIAS DE SALUD


MODELO DE CREENCIAS DE SALUD

El Modelo de creencias de salud fue originalmente desarrollado en los años 50 por un grupo de especialistas en psicología social del Departamento de Salud Pública de los Estados Unidos en su intento de dar una explicación a la falta de participación pública en los programas de detección precoz y prevención de enfermedades (Rosenstock, 1990).
En 1974 Maiman y Becker (en Cunill, 2009) adaptaron el modelo para tratar de explicar una mayor variedad de conductas de salud. El modelo incluye una serie de constructos cognitivos como la gravedad y la susceptibilidad o vulnerabilidad percibidas, los costes y los beneficios, igualmente percibidos, que supone el cambio de conducta, juntamente con una variable emocional y motivacional como es la amenaza percibida.
Este modelo sostiene que para que una persona realice un comportamiento preventivo ésta debe sentirse amenazada por la probabilidad de sufrir una consecuencia negativa (ejemplo: un accidente o una enfermedad) asociada a la conducta de riesgo y, al mismo tiempo, debe sentirse personalmente susceptible a sufrir dicha consecuencia.
Además, el sujeto debe creer que los beneficios de llevar a cabo una acción preventiva son mayores que los posibles costes y las dificultades y obstáculos percibidos que podrían impedirle llevarla a cabo (Becker y Maiman, 1975).
Junto a estos cuatro determinantes de la conducta se añaden, además, algunos factores demográficos, personales, estructurales y psicosociales (ejemplo: las campañas a través de los medios de comunicación, la presión del grupo de pertenencia, el consejo de los otros, la enfermedad de un amigo o de un familiar, etc.) que pueden influir sobre las conductas de salud. Se considera que estas variables influyen sobre las motivaciones y las percepciones subjetivas de los individuos aunque su papel no está claramente definido. Estos factores tendrían igualmente una dimensión perceptivo-cognitiva ya que, según los autores, las relaciones interpersonales pueden convertirse en un estímulo externo que sirve de señal para desencadenar la acción preventiva (Planes, Gras, Font-Mayolas, Gómez y Salamó, 2010).
Aplicando este modelo al comportamiento del conductor, la probabilidad de que un individuo conduzca un vehículo a pesar de haber bebido o consumido drogas está determinada por la evaluación de los beneficios (ejemplo: desplazarse a otra fiesta) y de los costes (ejemplo: regresar al día siguiente a por el vehículo) que realice. Además, la probabilidad de que lleve a cabo la conducta dependerá de la amenaza percibida de sufrir un siniestro vial o de ser sancionado por los agentes de la autoridad encargados de la regulación del tráfico, la cual, a su vez, está determinada por la susceptibilidad percibida por el sujeto de sufrir dicho siniestro o de ser sancionado y por su percepción de la gravedad de las consecuencias (lesiones, muerte, cuantía de la sanción económica, etc.) si esto sucede. Todas estas relaciones están moduladas por las variables demográficas y psicosociales propias de cada persona y por fuentes internas (ejemplo: síntomas) o externas (ejemplo: relaciones interpersonales), es decir, por las llamadas claves para la acción, que disparan la conducta de salud apropiada.


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