lunes, 21 de marzo de 2016

MÁS AUTOMÓVILES, VÍAS OBSOLETAS, MÁS SINIESTROS VIALES

Por Francisco Sánchez y Andrés López

Hoy en día nuestros espacios públicos han cambiado relativamente con respecto hace menos de una década. Los desplazamientos geográficos en vehículos a motor han aumentado considerablemente, tanto en distancias cortas como en largas. Digamos que el concepto espacio ha desaparecido con la plena incorporación de los automóviles a nuestras vidas, consolidándose así, una nueva forma organización social. Se trata de una forma de vida más individualista, donde el transporte individual ha sustituido al colectivo, y todo se produce de manera más vertiginosa. Sin embargo, las vías siguen siendo las mismas que hacen más de una década; sobre todo las vías nacionales, comarcales y locales; llamadas convencionales. 

Lo que no supone, que sea proporcional que el aumento de la población y de automóviles, se haya visto relacionado con nuevas y modernas transformaciones de nuestras vías (en función del número de carriles, diseño geométrico, ancho de la calzada y tráfico). Pues habría que tener en cuenta, que si hace más de diez años había menos conductores/as y las vías eran más asequibles en proporción al número de automóviles, con el aumento del número de conductores/as, las vías se quedan obsoletas: los mecanismos de seguridad son insuficientes, la señalización es deficiente, y la forma de conducir es muy distinta cuando la probabilidad de coincidir en los puntos negros viales con otros conductores son más casuales. A estas vías también habría que sumarle las distracciones que se comenten durante la conducción. No sólo es cuestión de la manipulación de aparatos electrónicos como telefonía móvil, tablet, etc., sino porque el factor humano se halla entramado en una sociedad mucha más acelerada; antes los desplazamientos eran algo más precisos; el automóvil se inventa en un principio para el trabajo, hoy en día forma parte de nuestra vida, lo utilizamos a diario y para casi todo.

Son muchas las investigaciones y estudios en materia de seguridad vial, las que determinan que los principales siniestros viales es debido a causa del factor humano, además de que el riesgo aumenta debido también a otros factores viales, como el diseño arquitectónico, características de las vías, etc. 

Según datos oficiales de la Dirección General de Tráfico (DGT), la mayoría de los siniestros, casi el 80%, se han producido en las vías convencionales, de un carril por cada sentido. En cambio, disminuye la mortalidad en carreteras de gran capacidad, es decir, autovías y autopistas. 

Pero a pesar de todas estas deficiencias, los siniestros viales se pueden reducir si realizamos una conducción eficiente, prudente y respetuosa. Hay que tener claro que la formación para la conducción de vehículos a motor, es algo que precisa más que la obtención de un permiso. Se trata de una educación con una doble vertiente: por una parte, está la educación teórica permanente en materia de tráfico y de las habilidades durante la conducción, y por otra parte, está la principal condición de los seres humanos, la educación, como pilar fundamental de todas las sociedades.

Pero lamentablemente, automóvil y hombre no siempre son los mejores compañeros de viaje, y más de una vez sucede que es el hombre quien no es capaz de controlar la máquina debido a sus capacidades intelectuales, como bien se refiere esta cita:

“El automóvil es una máquina de locomoción que por la precisión de su mecanismo puede ser dirigida con exactitud matemática, y no tiene la culpa de la imprudencia o de la ineptitud de quien sin la conveniente preparación se atreve a dirigirla. Cuando este medio de locomoción se usa por pura vanidad o exhibicionismo son muy fáciles los accidentes desgraciados, pues le sobreviene al automovilista una especie de vértigo que le priva de la serenidad que es necesaria para subyugar esa bella máquina en cuyas entrañas palpitas por igual el movimiento de la vida y la inercia de la muerte”.

Periodista anónimo de 1909

Y a raíz de esta hermosa cita, nos damos cuenta que el actor principal de la siniestralidad al volante recae en el conductor, con ello no se pretende responsabilizar al mismo de las desafortunadas circunstancias que acompañan al mínimo accidente, pero sí que mencionarlo como catalizador del mismo. Y, ¿por qué?...

En cualquier centro de formación de hoy día, y que disponga con medios materiales y técnicos precisos, los profesores de educación vial pueden ejercer una labor docente a cualquier persona que tenga intención de ponerse delante de un volante, y posteriormente, a circular por cualquier tipo de vía y en cualquiera que sean las condiciones (atmosféricas, afluencia de tráfico,…). Pero hay un factor, que lo saben muy bien los formadores viales, que es el humano, el del conductor en sí, y no es tan "enseñable" esas pequeñas correcciones como futuro conductor. A veces se puede escapar de las manos ese condicionante, bien por lo mecanizado del trabajo y/o también por la "urgente necesidad de obtener el carnet lo antes posible", y los motivos son dispares: desde el económico hasta el laboral y su gran necesidad de obtenerlo cuanto antes. Y es ahí donde muchas personas (alumnos/as) deberían de tomarse más en serio la cuestión de circular, y con ello hay que remitirse a uno de los factores más importante que forma parte del 78% de los siniestros viales: el factor humano.

Sin detallar mucho el asunto vamos a analizar los "Cuatro Grandes":

El modelo de los “Cuatro Grandes” integra algunas, pero no todas, de las variables de personalidad que más se emplean en las investigaciones sobre SALUD Y RIESGO, aplicándolas en este contexto en el sentido de personalidad-siniestro vial:

LA EXTROVERSION: Es la dimensión más analizada en relación con el accidente y la conducta arriesgada, las personas que puntúan alto en este factor exhiben un estilo de conducción más agresivo y temerario, este atributo también sugiere un bajo nivel de vigilancia en tareas monótonas, como la conducción, lo que se traduce en errores que desencadenan el accidente.

EL NEUROTICISMO: O la más conocida como inestabilidad emocional. Las distracciones por las propias preocupaciones o experimentar sentimientos desagradables integran altas tasas de siniestralidad, asociando también este factor a la conducción bajos los efectos del alcohol. Esta incomoda variable es condicionante a las respuestas del estrés, alterando las capacidades cognitivas y de manejo de los mandos del vehículo, lo que predispone a una conducción hostil y poco responsable.

LA IMPULSIBIDAD: Variable estrechamente asociada a conducta antisocial y/o delictiva. En conductores jóvenes suele asociarse a baja percepción del riesgo y por ende un aumento de las distracciones o errores de atención, así como lo padecido por el resto de usuarios de las vías: "errores de comisión" (no señalizar de forma adecuada una maniobra). Este factor es a veces determinante en la "sensibilidad de recompensa" percibida por conductores jóvenes del mismo rango de edad, a las infracciones de tráfico, en una búsqueda de sensaciones de impunidad y afán de aventuras.

BUSQUEDA DE SENSACIONES: Actualmente, la búsqueda de sensaciones se considera una característica con base biológica y un alto grado de heredabilidad y se define como “la búsqueda de experiencias y sensaciones variadas, nuevas, complejas e intensas y la propensión a asumir riesgos físicos, sociales, legales y financieros a fin de lograr tales experiencias”, dice Zuckerman (1994). Esto traducido a la conducción y circulación de vehículos se traduce en exceso de velocidad sin adaptarse a las condiciones de la vía, maniobras más agresivas, menor uso del cinturón de seguridad.

Con todo lo expuesto, es de recibo admitir que por mucho que avancen los procesos de construcción de vías, las señalizaciones, la implicación de fabricantes en desarrollar vehículos cada vez más seguro, tanto para los ocupantes como para el resto de usuarios de las vías, lo más importante de todos ellos sigue siendo el conductor, con sus factores humanos que influyen en la conducción, de hecho el gesto de conducir es algo relativamente novedoso en relación a los factores psicológicos que afectan a la conducción, dado que estos han estado presente desde los albores de la humanidad, acompañándonos en la evolución de las conductas.





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