POR ANDRÉS LÓPEZ, antropólogo y educador social
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Son personas normales, como cualquier otra, comparten nuestros espacios públicos, frecuentan establecimientos, sienten y piensan como cualquier otro ser semejante. Pero hay aspectos que deben tratarse con exclusividad para facilitarle las cosas, y son las personas que padecen alguna diversidad funcional; no discapacidad como se le suele llamar a estas personas, puesto que son capaces de todo.
Así que facilitarle en materia de seguridad vial algunos aspectos, no los hace ni menos ni más privilegiados, es simplemente un gesto de cortesía y mayor facilidad para acceder a determinados lugares. Digamos que sería como el trabajador de una fábrica que puede llegar con mucho tiempo antes a su puesto de trabajo, y decide estacionar su vehículo lo más retirado de la entrada a la fábrica, con el único objetivo de dejar los aparcamientos más próximos a la entrada a quienes van justo de tiempo (así el trayecto a pie desde el automóvil a su trabajo será más rápido), es un gesto de cortesía, de sentido común, de amabilidad, y sobre todo, de educación y respeto.